El vuelo transcurrió sin novedades. Lo envidio a Tomás, que creo que durmió tantas horas como lo hubiera hecho en su propia cama. Yo no cuento con esa habilidad, pero logré dormir más horas que lo que normalmente hago en un vuelo de estos, así que no me quejo. Estamos llegando a Londres temprano por la mañana, y tenemos todo un día de recorrida por delante, por lo que había que tratar de dormir lo más posible. Escribo esto a poco de aterrizar, para subir después una vez lleguemos.
Esta vez no pagó la empresa así que volamos en el gallinero. Pero gracias a los vuelos por trabajo, y la categoría por tanta milla acumulada, pudimos esperar en el lounge (Tommy me dice que no lo debería haber hecho probar ese mundo si después no lo va a poder usar más!), subir primeros y antes haber elegido los mejores asientos dentro del gallinero: la salida de emergencia en la mitad del avión. Así que nada de piernas dobladas!

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